Skip to content

La pasarela más deliciosa del planeta

El fashion show más irresistible del mundo está por llegar.

Clara Morgane

Pretextos para ir a Paris hay de sobra, sobre todo para los amantes de la moda o para quienes los placeres del paladar son un encanto irrenunciable. En ambos casos, encontrarán todo el deleite en un solo lugar: moda y placer gastronómico se vuelven uno y prometen no generar ninguna culpa en el Fashion Show del Salon du Chocolat de París

Chocolates, pastelitos, caramelos y malvaviscos… son la materia prima con la que famosos diseñadores y expertos chocolateros confeccionan los vestidos y accesorios más irresistibles para crear la pasarela de moda para chocoholics que cada año inaugura la feria del chocolate más importante del mundo. 

Este año, el Salon du Chocolat cumple 25 años de abnegado tributo a uno de los máximos placeres de la humanidad. Para festejarlo, se realizará una colección especial de cumpleaños que hará viajar a los espectadores a lo largo de la historia del chocolate, desde su descubrimiento en México hace más de 500 años, hasta el presente.

Thomas Rafoux Inauguration

Si el 30 de octubre pasas por la Ciudad Luz o si el antojo es tal que decidiste reservar un vuelo, entonces aparta un lugar en primera fila y compra tu boleto.

El Salon du Chocolat de París durará del 30 de octubre al 3 de noviembre, y no sólo se disfrutará de esta inusual, deliciosa y azucarada pasarela, también habrá premiaciones, concursos y exposiciones de los chocolateros más talentosos del mundo. 

Pero las delicias no terminan aquí, ya que del 15 al 17 de noviembre la ciudad de Nueva York festejará su primera edición del Salon du Chocolat, y como es de esperarse, habrá un despliegue de talentos también en una pasarela que promete no ser menos espectacular y deliciosa que la de su análoga francesa. 

Julien Millet

Fuente: Julien Millet

Ya sea en París o en Nueva York, los mejores chocolateros y pasteleros del mundo, algunos de ellos con estrellas Michelin, harán gala de sus máximas destrezas y de su exquisito gusto para deleitarnos la vista, para hacernos agua la boca y para… tal vez, ¿por qué no?, hacer que se libere nuestro lado más salvaje y atrevernos a despertar la tentación por las calles endosando alguna de estas creaciones. Por supuesto, sólo en invierno, queremos que lo único que se derrita sean los paladares.